Co-branding: La unión no siempre hace la fuerza

El 90% de los co-branding fracasan. Y un mal co-branding puede diluir nuestra imagen de marca.

El co-branding es la unión entre los productos o servicios de dos o más marcas y supone la adquisición de distintos roles por parte de cada una (anfitriona e invitada). La primera suele ser la marca más conocida, o que desarrolla principalmente el nuevo producto, mientras que la otra juega un papel secundario. Existen distintos tipos de co-branding, pero de ahora en adelante nos centraremos en los de producto.

Este tipo de uniones se popularizaron en los años 90 pero actualmente vuelven a ser tendencia. Entre sus beneficios destacan el desmarque de la competencia, la aportación de un valor añadido y diferencial al producto, la creación de valor de marca, el refuerzo de su posicionamiento y el aumento de la visibilidad. Alejándonos de aspectos estratégicos, el co-branding permite aumentar el abanico de servicios proporcionados a los clientes propiciando la fidelización del consumidor, llegar a clientes potenciales -habituales en la otra marca pero no en la nuestra- y a su vez reducir costes.

A pesar de esto, estudios realizados por la Escuela de Management de Carlson aseguran que el 90% de las estrategias de co-branding fracasan. Los principales errores cometidos recaen en la elección de la marca colaboradora (distante de la nuestra por el tipo de consumidor, el universo de marca o el propio producto) y en la construcción del discurso. El consumidor acaba preguntándose qué es ese producto realmente y en consecuencia qué es esa marca. Un mal co-branding puede diluir nuestra imagen de marca.

Os dejamos algunos ejemplos de co-branding. Juzgadlos vosotros mismos:

El spot jugó un papel decisivo.

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